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GLENDA LEÓN. Música de las formas

Ficha

Fechas: 
18 junio 2021 - 21 noviembre 2021
Lugar: 
Galería B1 y sala perimetral de la 1ª planta
Horario: 
martes a sábados (festivos incluidos) de 11.00 a 14.30 y de 17.00 a 21.00, domingos, de 11.00 a 14.30
Producción: 
MEIAC, Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo / MARCO, Museo de Arte Contemporánea de Vigo
Comisariado: 
José Jiménez

Con la colaboración de:

Tras su paso por el MEIAC de Badajoz, la artista Glenda León llega a Vigo con la exposición Música de las formas, que completa la programación del MARCO para esta temporada. El proyecto ha sido posible gracias a la colaboración con el MEIAC, que comparte con el MARCO su pasado como cárcel; un hecho directamente relacionado con algunas de las obras presentes en esta exposición.

Glenda León (La Habana, Cuba, 1976), que estudió ballet clásico, filología e historia del arte en La Habana, comenzó a exponer en 1999. La propia artista señalaba en una entrevista en 2013: “La música fue una fuente de inspiración para mí desde muy joven. Por eso quise ser coreógrafa durante muchos años. Entonces me di cuenta de que el ingrediente principal de estas ideas coreográficas de la época era lo visual”. Ese es el núcleo de este proyecto y de su obra: la síntesis entre los sonidos y lo visual.

En el MARCO, la propuesta se articula en dos espacios que trazan un recorrido por obras clave en la trayectoria de Glenda León –instalaciones, series de dibujos, esculturas, fotografías, obra sobre papel, instalaciones in situ– desde 2008 hasta la actualidad, que combinan diferentes técnicas y soportes. El montaje y disposición de las obras ha sacado partido de las peculiaridades de las salas del Museo, en diálogo sutil con los espacios, adaptando las piezas a sus dimensiones, trazado y altura, con una obra producida específicamente para este proyecto –Jardín emocional (2011-2021)– que dibuja una línea longitudinal a lo largo del podio central de la primera sala.

En palabras del comisario de la muestra, José Jiménez: “hay un dinamismo que brota del diálogo con las formas del sonido, de la música, que está ya presente desde la época en que se produjo la invención cultural del arte, en la Grecia Clásica. Y es también en ese contexto donde se percibe la relación entre los sonidos musicales y los movimientos de los astros, lo que Pitágoras denominó ‘armonía del cosmos’ o ‘música de las esferas’. La música de las esferas nos lleva a la música de este mundo, en el que vivimos: de arriba abajo, y de abajo arriba. Son estas cuestiones centrales para situar la trayectoria y el trabajo artístico de Glenda León”. 

Documentación

La Biblioteca-Centro de Documentación del MARCO ha preparado un dossier documental, que reúne enlaces a artículos e información complementaria sobre la artista, accesibles para consulta desde la web del MARCO www.marcovigo.com en los apartados Biblioteca/Noticias y Exposiciones/Actuales.

Catálogo

Con ocasión de esta muestra, la Fundación MARCO y el MEIAC han publicado un catálogo que reúne textos de la artista Glenda León y del comisario, José Jiménez, junto a información e imágenes de las obras en exposición.

Programación para escolares

Colabora: Obra Social “la Caixa”

A partir del 14 de septiembre de 2021
Horario: de martes a viernes de 11.00 a 13.30 / Previa cita en los tel. 986 113900 Ext. 100 / 986 113908

Talleres de verano para público infantil

Colabora: Obra Social “la Caixa”

Del 29 de junio al 29 de julio de 2021
Horario: de martes a viernes de 12.00 a 14.00 / Previa reserva en los tel. 986 113900 Ext. 100 / 986 113908

Información y visitas guiadas

El personal de salas está disponible para cualquier consulta o información relativa a la exposición, además de las visitas guiadas habituales:

Todos los días a las 18.00
Visitas ‘a la carta’ para grupos, previa cita en los tel. 986 113900 / 986 113904

Rutas interactivas a través de la App Vigo

El nuevo sistema de rutas interactivas a través de la App Vigo permite a los visitantes acceder a todo tipo de contenido sobre la exposición (vídeos, imágenes, información específica sobre las obras), sea en el propio espacio mediante los beacons o dispositivos bluetooth situados en salas, o en cualquier otro lugar, siguiendo la ruta desde la pantalla del móvil unha vez descargada la aplicación, o desde su equipo a través de la web del Concello de Vigo.

Glenda León (A Habana, Cuba, 1976), que estudou ballet clásico, filoloxía e historia da arte na Habana, comezou a expoñer en 1999. A propia artista sinalaba nunha entrevista en 2013: “A música foi unha fonte de inspiración para min dende noviña. Por iso quixen ser coreógrafa durante moitos anos. Entón decateime de que o ingrediente principal destas ideas coreográficas da época era o visual". Ese é o núcleo deste proxecto e da súa obra; a síntese entre os sons e o visual. 
En palabras do comisario da mostra, José Jiménez, “hai un dinamismo que brota do diálogo coas formas do son, da música, que está xa presente dende a época en que se produxo a invención cultural da arte, na Grecia Clásica. E é tamén nese contexto onde se percibe a relación entre os sons musicais e os movementos dos astros, o que Pitágoras denominou “armonía do cosmos” ou “música das esferas”. A música das esferas lévanos á música deste mundo, no que vivimos: de arriba abaixo, e de abaixo arriba. Son estas cuestións centrali para situar a traxectoria e o traballo artístico de Glenda León”.

Artistas

Glenda León


Glenda León
es una artista cubano-española nacida en La Habana en 1976. Su obra ha recibido premios como The Pollock-Krasner Foundation Award y residencias como las del Couvent des Recollets, París y la Fonderie Darling, Montreal. Asimismo, es parte de importantes colecciones públicas como las del Centre Georges Pompidou, París; Pérez Art Museum Miami; Musée des beaux-arts de Montréal; AGO, Art Gallery of Ontario, Toronto; Hammer Museum, Los Ángeles; Museum of Fine Arts, Houston y el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Inició sus estudios de Artes Plásticas a los doce años y comenzó a exponer de modo profesional en el año 1999. Antes estudió ballet clásico y cursó estudios de Filología en la Universidad de La Habana, graduándose finalmente en Historia del Arte. En el 2007 termina el Máster en Arte de los Nuevos Medios, en la Academia de Nuevos Medios de Colonia.

Fue parte del Pabellón Cubano en la 55a Bienal de Venecia con la obra Música de las Esferas (2013). También ha sido invitada a la Bienal de La Habana, la Bienal SITE Santa Fe, la II Bienal de Jafre, la Bienal de Dakar DAK’ART 2018, la Off Biennale Cairo: Something Else II y BienalSur. Juntos Aparte 2018, Cúcuta.

Otras exposiciones colectivas en las que ha participado tuvieron lugar en espacios como el MoMA, Museum of Modern Art y el Brooklyn Museum, Nueva York; CCA Wattis Institute, San Francisco; Bronx Museum; Centre d’art contemporain Villa du Parc, Annemasse; Badischer Kunstverein, Karlsruhe; City Art Museum Ljubljana; The Mattress Factory, Pittsburgh; RISD, Rhode Island School of Design Museum, Rhode Island; Nuit Blanche, Toronto, Canadá; Museo MART, Rovereto, Italia; CIFO, Miami; Centre for Contemporary Art Laznia, Gdansk; Musée des BeauxArts de Montréal; Yerba Buena Center for the Arts, San Francisco y De Appel, Ámsterdam.

Ha presentado su trabajo de manera individual en el CDAV, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana; Le Plateau Espace Expérimental, París; Château des Adhémar, Montélimar; Francia, Matadero Madrid, CAAM, Centro Atlántico de Arte Moderno, Gran Canaria y el Metropolitan Museum of Manila, entre otros espacios.

Su obra ha sido publicada en diversas revistas, catálogos y periódicos como Bomb Magazine, Art Nexus, Artforum, Flash Art y Artecubano.

http://www.glenda-leon.com/

Texto curatorial

Las formas del sonido

José Jiménez

¿Dónde se sitúa la raíz, el punto de inicio, del despliegue de las obras en las artes visuales…? En el proceso de configuración de las formas. Ya sea de manera estática o dinámica, y teniendo en cuenta que las posibilidades del dinamismo se han acentuado intensamente con los nuevos soportes, electrónicos y después digitales, de la representación.

Pero hay un dinamismo que brota del diálogo con las formas del sonido, de la música, que está ya presente desde la época en que se produjo la invención cultural del arte, en la Grecia Clásica, en un periodo que se puede datar entre el s. VIII y el s. V a. C. Y es también en ese contexto donde se percibe la relación entre los sonidos musicales y los movimientos de los astros, lo que Pitágoras denominó “armonía del cosmos” o “música de las esferas”.

La música de las esferas nos lleva a la música de este mundo, en el que vivimos: de arriba abajo, y de abajo a arriba. Y esto es algo que se siente con intensidad en Cuba. Ver y oír las obras de Glenda León me lleva en todo momento a la obra literaria de Alejo Carpentier, quien decía sobre sí mismo: “Ese músico que llevo dentro”. Su formación musical le llevó a escribir numerosos textos sobre música, y es importante destacar que, a diferencia de la música europea, caracterizaba la música latinoamericana por su intenso mestizaje.

Pero, además, la música fluye directamente en sus novelas, en sus textos narrativos. Es algo que podemos apreciar de un modo especial en su novela breve Concierto barroco, escrita entre La Habana y París en 1974. Es un viaje musical en 1733, desde Coyoacán (México) a Cuba, España, Venecia (durante el Carnaval) y París. En la narración resulta decisivo el encuentro, en Venecia, con Vivaldi, Scarlatti y Haendel, donde se revive la representación de una ópera de Vivaldi mucho tiempo perdida, y también cómo en contraposición a la música barroca europea brota la música de un esclavo de piel negra, Filomeno, que nos lleva a la trompeta de Louis Armstrong. El texto fluye, en todo momento, con los movimientos de las palabras como si fueran sonidos, y con el desplazamiento en el tiempo, a través del viaje.

Son éstas cuestiones centrales para situar la trayectoria y el trabajo artístico de Glenda León, que estudió ballet clásico, filología e historia del arte en La Habana, y comenzó a exponer en 1999. Esto es lo que ella misma señaló en 2013, en una entrevista: “La música ha sido fuente de inspiración para mí desde niña. Por eso quise ser por muchos años coreógrafa. Luego me di cuenta de que el principal ingrediente de estas ideas coreográficas de aquella época era lo visual”.

Ese es el núcleo: la síntesis entre los sonidos y lo visual. Y a partir de ello la correspondencia, tanto visual como sonora, entre los astros y la Tierra en donde vivimos los humanos: una llamada de atención hacia la importancia de la naturaleza, cada vez más amenazada. Cuestiones que se articulan en esta exposición de obras de Glenda León, “Música de las formas”, organizada en tres secciones: I. Tierra y cielos, II. La espiral del tiempo, y III. Ver la música,

Viviendo en nuestro tiempo, Glenda León es plenamente una artista multimedia. Utiliza los más diversos soportes y técnicas de expresión: objetos, esculturas, instalaciones, dibujos, fotografías, libros de artista y vídeos.

Ahora bien, en ese amplio despliegue de modalidades expresivas hay un trasfondo común que da unidad a sus propuestas: la articulación de sus piezas fluye a través de registros musicales con los que se estructuran las obras. En ellas podemos advertir unas improntas melódicas, o contrastes y variaciones, con lo que las formas visuales adquieren un sonido interior, ritmo y proyección.

¿Qué es una “forma”…? Si nos remontamos a los orígenes de nuestra tradición cultural tenemos que remitirnos a Platón, que elaboró el concepto filosófico de forma [εἶδος, eídos], pasando desde lo que sería el aspecto de algo que vemos al núcleo sustantivo que da unidad a dimensiones plurales.

En el ámbito específico de la teoría musical, Leonard B. Meyer (1956, 74) señala: “las formas son aspectos esenciales del estilo, grupos de probabilidad alternativos, cada uno de los cuales muestra sus propias relaciones de probabilidad especiales dentro del contexto estilístico global. Y al igual que la percepción de los aspectos más generalmente constantes del estilo y la respuesta a los mismos, la comprensión de la forma es aprendida, no innata”. Y concluye: “El concepto de forma implica abstracción y generalización”.

Y sobre “la naturaleza de la forma” indica: “La comprensión de una serie de estímulos físicamente diferenciados que configuran un modelo o una forma es el resultado de la capacidad de la mente humana para relacionar entre sí, de manera inteligible y significativa, las partes constituyentes del estímulo o de la serie de estímulos. Para que surja la impresión de forma debe percibirse un orden en el que los estímulos individuales se transformen en partes de una estructura mayor y desempeñen funciones distinguibles dentro de dicha estructura”. (Meyer, 1956, 169).

Lo que Glenda León nos da en sus obras es un conjunto de formas abiertas, que juegan con la correspondencia entre distintas maneras de sentir y conocer: palabras, sonidos, partituras con dibujos y registros visuales, correspondencias entre cielos y tierra, el fluido del tiempo… Somos nosotros, quienes miramos, los que tenemos que desplegar una capacidad de interiorización, de llevar la pluralidad de registros formales a un ámbito concreto de significación. Hay que pasar de simplemente mirar a ver, a percibir la unidad de la forma. Así, los sentidos nos llevan al conocimiento.

En las formas plásticas de Glenda León, siempre en diálogo con los sonidos y los textos, brillan también los rasgos que otro gran escritor cubano: José Lezama Lima (1980, 59), situó como núcleo del conocimiento poético: “El conocimiento poético se separa del conocer dialéctico que busca tan sólo el espejo de su identidad”. Conocer poéticamente es ver el envés, el reverso de las cosas. La poesía es, para Lezama (1981, 129) una dimensión transcendente: “las esencias expresadas por las eras imaginarias”, una articulación de “lo imposible” sobre “la imagen posible”. Pero su itinerario no es simple, sino laberíntico. Su inicio está en la disolución del propio cuerpo para convertirlo en forma: “disolver nuestro cuerpo para que llegue a ser forma”. (Lezama Lima, 1980, 68).

Ojo y cuerpo se aventuran así en la imagen: “El ojo crea la figura; la noche se expresa, cae sobre nosotros por imagen. El ojo siente un orgullo pasivo cuando se extiende en la figura. Nuestro cuerpo siente un orgullo posesivo cuando penetra en la imagen de la noche”. (Lezama Lima, 1980, 57). Y es que el conocimiento poético no adviene gratuitamente, es un difícil acto de conquista. El poema es “un espacio resistente entre la progresión de la metáfora y el cubrefuego de la imagen”. (Lezama Lima, 1981, 129).

Las eras imaginarias, la imagen como cauce secreto del tiempo histórico, sólo son entrevistas en ese doble ámbito de resistencia en el que los cuerpos han de soportar la nada que los circunda y los productos de la cultura: formas o figuras, el flujo retráctil de las imágenes: “Así como el cuerpo soporta la nada rodeante, las figuras se ven obligadas a contrarrestar el flujo de las imágenes”. (Lezama Lima, 1980, 53).

América Latina, y en ella Cuba, nos aporta la visión de la diferencia, fruto del intenso mestizaje que caracteriza lo mejor de la vida humana. Y en ese horizonte las formas del sonido de Glenda León nos llevan visualmente a lo más profundo del conocimiento poético: cielo, flor, tiempo, espejo, estrellas, nubes, mundo político, discurrir y formas del tiempo, lágrimas del tránsito, instantes, silla del poder, música de la revolución, metamorfosis, consciencia, y música de las esferas. El universo, aquí y en los cielos, como música de las formas.

Referencias bibliográficas

Alejo CARPENTIER (1974): Concierto barroco; Siglo XXI, México. 8ª edición: Siglo XXI, Madrid, 1979.
José LEZAMA LIMA (1980): La dignidad de la poesía; Versal, Barcelona.
José LEZAMA LIMA (1981): Imagen y posibilidad; Editorial Letras Cubanas, La Habana.
Leonard B. MEYER (1956): Emotion and Meaning in Music; University of Chicago Press, Chicago. Trad. esp. y prólogo de José Luis Turina: Emoción y significado en la música; Alianza Editorial, Madrid, 2001.

Texto artista

El tiempo es un sonido que no escuchamos

Glenda León

Coexistimos con una ausencia que no somos capaces de escuchar; una suerte de añoranza por un estado de libertad plena, por una sensación de pertenencia al mundo. El arte puede actuar como recordatorio de ese estado; de ese poder intrínseco pero escondido ya por tanto tiempo: de estar en armonía con nosotros y con la naturaleza; como una especie de alarma para andar más atentos por el mundo y verlo como si se viera por primera vez, con esa mirada privilegiada de un niño. Es hacer percibir lo imperceptible.

Como la magia, el arte es un acto de transformación, que en ocasiones se traduce en un simple hacer coincidir; mostrando la relatividad y las probabilidades de interconexión de las cosas; ordenando, con un poco de poesía, algún fragmento del caos al que pertenecemos. Es una manera de conocer el mundo; de entender y amar la esencia humana.

Esta exposición se termina de concebir en tiempos que sin duda pasarán a la historia. El tiempo del Coronavirus. Prácticamente todos los seres humanos de este mundo habrán experimentado lo que es estar confinado. Sin embargo, aun habiendo salido del confinamiento hay cosas que permanecen restringidas en nosotros: nuestros sentidos. Vivimos creyendo que miramos, escuchamos, olemos, palpamos, pero la verdad es que lo estamos haciendo a un nivel muy por debajo de nuestras capacidades. La forma en que hemos sido educados, la forma en que las sociedades están estructuradas y la vida citadina en sí misma, nos castran cada segundo este gran potencial. Para poder desarrollar una verdadera comprensión del otro, una verdadera tolerancia, y un real entendimiento del peligro que la Tierra corre gracias a nuestras acciones, es crucial sentir. Es, desde este sentir, que podemos verdaderamente conocer, y este conocimiento es lo que lleva a la verdadera libertad, es lo que lleva a acciones coherentes y con poder de transformación.

No es lo mismo que nos enseñen o que leamos sobre tolerancia, sobre el peligro de extinción de las especies, sobre el maltrato animal, a que sintamos el dolor de un animal encerrado con sólo mirarle a los ojos. No es lo mismo leer sobre amor que sentirlo.

Al romper con la realidad el arte tiene un rol importante en prepararnos para estar más abiertos al cambio; se establece un estado más flexible del ser, pues se alteran los caminos trillados de las conexiones neuronales. Así sucede cuando el espectador se sincroniza con un elemento natural (en mi caso a través del sonido de la respiración y de representaciones de paisajes naturales a través de diferentes materiales) o mediante la presentación de objetos surreales –con combinaciones de elementos nunca antes vistas.

En este proceso, el silencio y el sonido son como materiales que constantemente estoy transformando. En ocasiones, utilizo el sonido para esculpir una imagen; en otras, utilizo una imagen para dibujar el silencio. Me interesa el contenido latente del sonido (la huella que éste deja en nuestro cerebro, y en el cuerpo) que porta cualquier instrumento sonoro (o parte de él); y cómo se puede crear una imagen a partir de ello.

El silencio es precisamente un elemento fundamental en el camino hacia la visión y la escucha plenas. Es indispensable en el desconfinamiento de los sentidos. Y cuando esto suceda, cuando la ceguera y la sordera pasen, entonces cada elemento de la existencia podrá ser visto. Y experimentaremos cómo cada paso, cada sonido, cada aleteo de una mariposa y cada vida, ocupan un lugar crucial en el mundo y originan un sin número de efectos. Cada forma es una forma del tiempo.

Entonces sabremos que todo ese tiempo que hemos pasado sin sentir, es tiempo perdido. Pero reconocerlo es el inicio del camino. Camino que nos conducirá a la luz del silencio, desde donde podremos escuchar la música de las esferas.

Dirigir las Nubes

“Según un reconocido científico de física cuántica, está comprobado que, habiendo logrado el grado de concentración y voluntad necesarios, cualquier individuo puede llegar a dirigir las nubes. El evento ha ocurrido en distintos lugares del planeta pero ha sido pocas veces avizorado, ya que hoy día casi nadie mira con detenimiento al cielo. No obstante, muchas personas han identificado formas bastante precisas en las nubes, pero permanecen ignorando su peculiar procedencia”.