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JULES VERNE. The boundaries of imagination

File

Dates: 
19 April 2018 - 16 September 2018
Place: 
Exhibition galleries on the ground floor
Hours: 
Tuesday to Saturday (including bank holidays) from 11am to 2:30pm and from 5pm to 9pm / Sunday, from 11am to 2:30pm
Production: 
Fundación Telefónica
Curator: 
María Santoyo
Curator: 
Miguel A. Delgado

An exhibition by

Jules Verne (Nantes, 1828 – Amiens, 1905) created a powerful imaginary world that was daring, diverse, and yet extremely plausible, thanks to his deep interest in science, exploration, and industry. His meticulously documented novels captured the spirit of his times, mapped the known world, and opened doors onto previously unknown areas. His literary, often visionary universe aroused the curiosity of many of his readers, who wanted to carry out the author’s daring writings. Jules Verne found reality a catalyst and his imagination in turn served as a catalyst for future realities. This project is about the invisible, frequently needless boundaries separating culture, progress, dreams, and reality. Should limits really be placed on the wonderful capacity to imagine?

Summary


RECORRIDO POR LA EXPOSICIÓN


EL GABINETE DE VERNE

El recorrido por la exposición parte del Gabinete de Verne, su espacio de creación, donde se disecciona la imaginación del autor a través de sus novelas, personajes, seres fantásticos y animales, medios de transporte e ingenios que coparon su obra. En esta sección destacan varias joyas bibliográficas, entre ellas, la primera edición mundial de Veinte mil leguas de viaje submarino (1869) que, por circunstancias históricas, fue española. Descubriremos también una serie de ilustraciones de personajes de Verne, desde Phileas Fogg hasta el capitán Hatteras; o inventos e ingenios presentes en sus novelas, como el telégrafo o la bobina de Ruhmkorff. Por último, una instalación audiovisual nos descubre el bestiario que aparece a lo largo de su vasta creación literaria.

LOS TERRITORIOS VERNIANOS

La tierra conocida y desconocida

Los Viajes extraordinarios de Verne buscaban descubrir toda la Tierra a sus lectores; de ahí el subtítulo de Los mundos conocidos y desconocidos. Verne estaba al tanto de las grandes expediciones de su época, un período en el que el imperialismo conducía a lugares tan lejanos e inexplorados como el interior de África. Pieza destacada en esta sección es una instalación audiovisual con seis proyecciones que reproducen los fenómenos que los protagonistas de Viaje al centro de la Tierra (1864) encontraron en su periplo: la cueva, teatro de sombras, un volcán o el fuego como luz primigenia. Un mapping recrea además las rutas geográficas alrededor de los cinco continentes de las principales novelas de Verne.

Trotamundos

Julio Verne nace en Nantes en 1828 y, 44 años más tarde, escribe La Vuelta al mundo en ochenta días (1872). En sólo cuatro décadas, se produjo un desarrollo vertiginoso de los medios de transporte, que cambió la concepción del mundo y del tiempo. El desafío imposible de Phileas Fogg de dar la vuelta al mundo se hace viable a mediados del siglo XIX, y Verne vuelca en esta novela toda la información disponible sobre el estado mundial de las comunicaciones. Phileas Fogg usa en su periplo todos los transportes existentes en aquella época, desde el trineo o el elefante al paquebote o el tren.

Este apartado es un homenaje a los viajeros y exploradores de mundo y a todos los escenarios que descubrió Fogg en su aventura. Más de treinta fotografías de época de la Colección Clark & Joan Worswick —una de las más importantes del mundo en manos privadas, conocidos por haber recopilado el legado del fotógrafo norteamericano Walker Evans— recrean todos los lugares recorridos en tiempos de Phileas Fogg. Gran parte de las imágenes fueron tomadas en países exóticos de Oriente Medio y desvelan civilizaciones hoy perdidas como, por ejemplo, la China imperial.

La figura de trotamundos está también representada por Nellie Bly, la periodista norteamericana que entre 1889 y 1890 logró dar la vuelta al mundo en 72 días, batiendo el récord de Phileas Fogg. En su viaje, hizo parada en Amiens y visitó al mismo Verne.

En esta sección descubriremos asimismo los territorios de la Vuelta al mundo en ochenta días desde la óptica del teatro. Ejemplo de ello son los montajes del musical Around The World de Orson Welles y Cole Porter, representados en la exposición a través de fotografías inéditas y el audio del espectáculo.

Mobilis in Mobili. Verne y Vigo

La pasión por el mar es uno de los temas recurrentes en el universo literario de Julio Verne. Si bien varias novelas giran en torno a esta temática, como Los hijos del capitán Grant, es sin lugar a dudas Veinte mil leguas de viaje submarino su mejor creación.

En esta obra Verne idea una máquina capaz de fascinar a quien finalmente inventó el primer submarino eléctrico; el marino español Isaac Peral. Maquetas y carteles de los primeros paquebotes comerciales del siglo XIX, imágenes del Great Eastern —el transatlántico más grande del momento en el que Verne viajó en 1867— o memorabilia de Isaac Peral nos permiten conocer los transportes marítimos de la época. Este capítulo se completa con las primeras fotografías submarinas realizadas a más de 50 metros de profundidad por el biólogo Louis Marie Auguste Boutan.

La sala titulada Mobilis in mobili se centra especialmente en la relación del escritor francés con Vigo, a través de sus dos visitas a la ciudad, de la batalla de Rande y de la novela Veinte mil leguas de viaje submarino. Se reúnen aquí piezas únicas, cedidas por el Museo do Mar de Galicia, Museo da Cidade 'Quiñones de León', Museo Massó, Museo de Pontevedra, Autoridade Portuaria de Vigo y colecciones particulares.

La batalla de Rande —que se libró en octubre de 1702 entre las coaliciones anglo-holandesa e hispano-francesa durante la Guerra de Sucesión Española— dio lugar a la leyenda de los galeones hundidos cargados con grandes tesoros. Es en esta búsqueda del tesoro donde Verne sitúa al Capitán Nemo, protagonista de Veinte mil leguas de viaje submarino, y la entrada del Nautilus en la ría de Vigo. En esta sección podremos contemplar grabados holandeses de la batalla de Rande, maderas de los galeones de la plata, acciones de las compañías de rescate de los tesoros, y piezas singulares como una moneda inglesa acuñada con metales preciosos del botín inglés, o uno de los famosos 'bastones de Rande', comercializados en el siglo XIX.

También veremos un traje de buzo original del siglo XIX, con su fuelle y escafandra; un antiguo timón, y maquetas de barcos mercantes de vapor como los que aparecen en las novelas de Verne o que el autor veía recalar en el puerto de Nantes. Además, se exhibe una primera edición mundial de la novela Veinte mil leguas de viaje submarino, que curiosamente fue editada en España antes que en Francia.

Una maqueta del 'Saint Michel III', el lujoso yate en que Julio Verne visitó Vigo, abre el recuerdo de sus visitas. Un mapa de época permitirá recorrer los escenarios de las dos estancias del escritor, en 1878 y 1884, cuando participó en las fiestas de la ciudad, contempló la procesión del Cristo de la Victoria desde los balcones de El Casino o asistió a un baile en la sociedad La Tertulia.

La influencia de la imaginación de Verne en los adelantos técnicos del futuro queda reflejada en la 'boya lanzatorpedos', estrenada por Antonio Sanjurjo Badía en 1898, treinta años más tarde de la publicación de Veinte mil leguas de viaje submarino. Aunque todo apunta a que el industrial y el escritor jamás se conocieron, es probable que leyese sus novelas y soñase con ellas para construir su ingenio.

Desiertos de hielo

En la época de Verne, los polos representaban el límite entre lo conocido y lo desconocido y fascinaban a muchos lectores. Una curiosidad hacia lo ignoto que en la muestra se ejemplifica a través de personajes que acometieron expediciones hasta estas tierras heladas e inhóspitas, que Verne anticipó e imaginó en La esfinge de los hielos (1897) o Las Aventuras del Capitán Hatteras (1886).

Esta sección reúne imágenes de expediciones polares que acabaron en fracaso, como la del sueco S. A. Andrée o la del irlandés Sir Ernest Shackleton, un capitán Hatteras de carne y hueso que quiso ser el primero en cruzar la Antártida de punta a punta. Diez imágenes de esta expedición, cuyos negativos congelados se encontraron en 2013 en la Antártida, se exhiben por vez primera en España.

Flotar o volar

Un capítulo especial se dedica a la disyuntiva generada, en los inicios de la aeronáutica, entre los defensores de los vuelos más ligeros que el aire —representados por los globos— y quienes apostaban por los más pesados; es decir, los primeros aviones. Un recorrido por la conquista del aire, a través de personajes como el brasileño Santos Dumont, a quienes muchos consideran el primero en hacer volar un avión en 1906, o el fotógrafo francés Nadar, autor de las primeras fotografías aéreas de la historia y apasionado de la aerostática, que Verne retrató en el díptico De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna.

Alrededor de la Luna

La fascinación por viajar a la Luna, presente en la literatura universal desde el siglo IV a.C., fue un motivo recurrente en la cultura popular del siglo XIX y no podía ser menos en la obra verniana, representada por las novelas De la Tierra a la Luna (1865) y Alrededor de la Luna (1870), que calaron profundamente en el imaginario colectivo y que hoy en día revelan asombrosas coincidencias con la llegada real del ser humano a este satélite en 1969.

Una instalación geodésica muestra veinte formas de viajar a la Luna representadas en la literatura universal, desde los Vedas hindúes hasta La mujer en la Luna de la autora alemana Thea von Harbou, que sería llevada al cine por Fritz Lang. La fiebre lunar queda además recogida a través de una serie de carteles relacionados con la Luna, que representan desde espectáculos de la época a imágenes de películas de George Méliès o las óperas de Jacques Offenbach inspiradas en Verne. También se muestra la pieza creativa documental “Vivir en una bala”, que recrea De la Tierra a la Luna; un viaje que Verne imaginó en un proyectil lunar disparado por un cañón.

2889

Se ha calificado a Verne como el padre de la ciencia ficción moderna, cuando en realidad lo que hizo fue recoger y transmitir a través de su legado literario el progreso que caracterizó el mundo de la segunda mitad del siglo XIX. Sólo hubo dos excepciones en las que el autor francés se adelantó verdaderamente a su época y fue más allá de su contemporaneidad: la novela París en el siglo XX (1863), centrada en un progreso basado en la dictadura del cientifismo, y La jornada de un periodista americano en el 2889 (1891), un relato mucho más positivo donde la tecnología conllevaba beneficios para la humanidad. Dos visiones distantes del concepto verniano del progreso.

El epílogo de la exposición nos adentra en estas dos obras futuristas a través de ilustraciones de autores franceses del siglo XIX, que recrearon avances científicos del año 2000, y de los grabados del dibujante francés Albert Robida, que anticipó en la misma época que su coetáneo Verne algunos inventos del lejano siglo XX. La muestra finaliza con un criptograma de una cita de Verne, que condensa el sentido de su obra literaria.